Antonio Cadierno (2010 – 3 min. – España) Universidad Complutense de Madrid
Leyenda de los ibones o lagos del pirineo, que cuenta la historia de la aparición del espíritu de una mujer musulmana, la cual supuestamente se perdió en estas montañas, huyendo de las violentas luchas entre moros y cristianos, quedando su espectro preso en este ibón. Según la leyenda, en la noche de San Juan emerge sobre las aguas del ibón la figura de una mora que comienza a bailar al mismo tiempo que se mueven serpientes enroscadas por su cuerpo adornado con brillantes joyas. Aunque no todo el mundo lo puede ver. Sólo las personas buenas y sin pecados disfrutaran con esta visión, cuya creencia es tal que incluso da nombre al ibón, ya que la zona es conocida como Basa de la Mora.
Jorge Prelorán (1965 – 14 min. – Argentina) Fondo Nacional de las Artes – Universidad Nacional de Tucumán
Para celebrar a la Pachamana, diosa incaica de la tierra, y a Nuestra Señora de la Asunción, el 15 de agosto de todos los años se celebran la Fiesta de Casabindo. Casabindo es un pequeño pueblo situado a 3900 metros de altura, a 148 kilómetros de Humahuaca, en la provincia de Jujuy, República Argentina. Durante la festividad, la plaza junto a la iglesia se convertirá en el escenario de procesiones, y posteriormentem de una corrida de toros. Pero en estas corridas los enérgicos animales astados no morirán. El único propósito de los toreros es arrebatar una cinta de terciopelo festoneada con monedas de plata que se cimbronean entre los cuernos del vigoroso taurino.
La danza de los Samilantes o Suris es propia de la puna jujeña, tiene reminiscencias antiquísimas, posiblemente fue creada para expresar sentimientos hacia un ser superior. Se caracteriza porque durante este baile se imita el andar del Ñandú. Hace muchos años existían gran cantidad de éstos animales que vivían en estado salvaje y eran llamados por los lugareños “Suri”.
Jorge Prelorán (1968 – 19 min. – Argentina) Fondo Nacional de las Artes – Universidad de Tucumán
La fiesta de la Virgén del Rosario en Iruya, en la provincia de Salta es una de las muchas fiestas que se celebran en el Noroeste de Argentina, donde se representa la fusión de las culturas ancestrales de la región, junto con elementos de la influencia hispánica, construyendo una mirada transcultural como estrategia de resistencia.
María Sabina es una mujer indígena de México, que nació en 1894 según el registro bautismal de Huautla, población localizada en Oaxaca, zona meridional de México.
Huautla está habitada por la raza indígena mazateca que hoy conserva pocos vestigios de su cultura antigua, a excepción de la práctica de un ritual religioso que consiste en ingeris cierta variedad de hongos en ceremonias nocturnas. Los hongos sagrados son suministrados por un curandero que la etnología conoce por chamán. El origen del shamanismo es remoto y en México ya se practicaba en la época prehispánica.
María Sabina es chamán y utiliza los hongos para comulgar con los dioses tribales. Conocida en 1955 por el investigador R. Gordon Wasson de Nueva York ha sido persona referente para costumbristas y científicos, dando origen a un nuevo tema: la etnomicología, la relación entre los pueblos y los hongos.
El cineasta mexicano Nicolás Echevarría construye en este documental por medio del cine directo, un retrato de la celebre curandera María Sabina, la sacerdotisa del hongo alucinógeno y la más conocida de las chamanas oaxaqueñas.
Marcelo Domizi (2009 – 14 min. – Argentina – Francia)
Este cortometraje de ficción, filmado en una aldea Azande cerca del pueblo de Morobo, ubicado al sur del Sudán, es una interpretación del ritual de sangre de los Azande, inspirada en los estudios etnográficos que realizo E.E. Evans-Pritchard en 1932.
La Hermandad de Sangre es un pacto o alianza formalizado entre dos personas por medio de un acto ritual en el que cada una bebe la sangre de la otra. El pacto está basado en la asistencia mutua y esta sancionado con fuertes castigos. Dos hombres de aldeas vecinas deciden encontrarse cierto día en casa de uno de ellos para llevar a cabo la ceremonia. En la Hermandad de Sangre el deseo de protección y el trato de favor en las relaciones económicas son los motivos más importantes, pero no los únicos. Los Azande creen que la sangre que perteneció alguna vez a un hombre continua formando parte de él aunque este separada. Para que el contrato sea valido es absolutamente esencial que cada participante trague la sangre del otro. Los Azande dicen que la sangre baja al estómago de un individuo y desde allí ve todo lo que este hace. Cuando alguien traiciona a su hermano de sangre, la sangre se venga por si misma. Escupiendo al suelo la hermandad queda sellada. Las sanciones del pacto comienzan a tener efecto inmediatamente. Para los Azande dar la propia sangre a otro es cederle una de sus almas, convertirlo en un doble, en otro yo. La sangre no es una broma, es una cuestión muy seria.
Justo en la frontera donde acaba una ciudad y empieza otra, comienza el día a día de uno de los muchos jubilados que autocultivan sus propios huertos a orillas de ríos, autopistas o vías de tren de la periferia de Barcelona. Explorar y conocer estos huertos es un modo de aproximarse a una de las muchas prácticas autónomas que, desde su ‘desobediencia’, también dan forma a la ciudad contemporánea. Prácticas que, lejos de ser anecdóticas, nos dan muchas pistas sobre lo que realmente ocurre detrás del supuesto orden urbano. El trabajo se centra en la dimensión social de estos huertos autoconstruidos, entendidos aquí como una lección de autonomía en una sociedad que insiste en asimilar ‘Jubilación’ a inutilidad y dependencia.
La ciudad jubilada se presentó en la muestra “Post-it City. Ciudades ocasionales” comisariada por Martí Perán en el CCCB (Barcelona, 2008). Este trabajo tomó el relevo del proyeto “Espacios Rurbanos. Bajo el asfalto esta el huerto” de Julie Poltras Santos, Virginia Colwel, Martha Pelayo, Azucena Lozano y Erika Yurre, desarrollado en Hangar (Barcelona, 2005)
En el noroeste de Siberia (Rusia), Katerina -niña de etnia Khanty- observa y entiende el mundo exterior. Aprende las voces de la gente, animales y otros seres, así como las relaciones que establece con su familia y su entorno. Poco a poco se acerca a lo desconocido y lo desconocido está cada vez más cerca de ella… No muy lejos de su campamento nómada se inicia la construcción de un campo de explotación de petróleo, el paisaje de su infancia desaparece a causa de la deforestación.
Carlos Andres Bedoya (2011 – 14 min. – Colombia) Universidad Central
Un recorrido que tiene como objetivo realizar un acercamiento a los archivos y la obra de la documentalista y antropóloga Marta Rodríguez, y describir cómo, en el archivo, los correlatos existentes son una posibilidad de creación audiovisual antropológica. Allí coexisten más relatos de los conocidos hasta el presente, y su legado no es un objeto inamovible y sí reinterpretativo. De este modo, la idea no es la de un pasado estático, sino uno que se extiende en la configuración del presente y del futuro, el compromiso de una documentalista con la memoria de un país en conflicto.
He dedicado cuarenta años al documental, pero no únicamente como género. Marta Rodríguez
Fragmento rescatado del documental a color rodado por la casa Ducrane Films de Oswaldo Duperly por encargo de la empresa cauchera Rubber Development Corporation, empresa que por el año de filmación de este cortometraje se encontraba establecida en el país, participando de la explotación cauchera en el corregimiento de Mitú, hoy capital del departamento del Vaupés en Colombia. Este registro mudo muestra algunos aspectos de sus, por entonces, mayoritarios pobladores: las comunidades indígenas de la etnia Tukano, nativos de las selvas del departamento colombiano del Vaupés y el estado brasileño del Amazonas.
Se encontró, según las marcas en los bordes del rollo, que es el registro cinematográfico en color más antiguo que tiene el archivo de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano. Su base de acetato en 16 mm presenta una emulsión de película Kodak reversible, con año de fabricación correspondiente a 1941. La fotografia fue a cargo de Hans Brückner.
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